Casi todas las empresas tienen un desarrollo interno que empezó con mucho entusiasmo y hoy nadie usa.
No murió por la tecnología. Los motivos se repiten:
- No hubo un dueño del negocio. Sistemas construyó lo que le pidieron, pero nadie del área que lo iba a usar se hizo cargo de las decisiones. Cuando aparecieron las dudas, quedaron sin resolver.
- Se intentó cubrir todo el proceso de una vez. Seis meses hasta la primera versión usable es demasiado: cambia la prioridad, cambia la gente, cambia el contexto.
- No se contempló el trabajo de datos. La aplicación funcionaba, pero cargar y migrar la información real era un trabajo que nadie había presupuestado.
- No hubo adopción acompañada. Se anunció por mail y se esperó que la gente cambie su forma de trabajar sola.
- No quedó nadie a cargo del mantenimiento. Un sistema sin quién lo cuide envejece rápido, y a la primera fricción todos vuelven al Excel.
Lo que sí funciona: un alcance chico que resuelva un dolor concreto, en producción en semanas y no en meses; un referente del área con tiempo asignado de verdad; y un plan de soporte y evolución desde el día uno.
Un sistema que resuelve bien una sola cosa y se usa todos los días vale más que la plataforma integral que quedó en la versión 0.7.
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