El antivirus tradicional compara archivos contra una lista de amenazas conocidas. Funciona muy bien contra lo que ya está catalogado.
El problema es que los ataques actuales evitan justamente eso. Usan herramientas legítimas del propio sistema operativo —PowerShell, tareas programadas, utilidades de administración— para hacer el trabajo sucio. No hay un archivo malicioso que detectar, porque el atacante está usando lo que ya estaba instalado.
Un EDR mira otra cosa: el comportamiento. Que una planilla de Excel abra una consola, que esa consola descargue algo de internet, que ese proceso empiece a leer y reescribir miles de archivos en minutos. Cada paso puede parecer normal; la secuencia no lo es.
Y hay una diferencia que se nota el día del incidente: el EDR deja rastro. Podés reconstruir qué entró, cuándo, por dónde y qué tocó. Con un antivirus clásico, después de limpiar, no sabés si quedó algo.
Además permite aislar un equipo de la red desde la consola, sin ir físicamente hasta el puesto. En un incidente, esos minutos son todo.
No es una discusión de marcas. Es que cambió lo que hay que detectar.
12 de octubre de 2026
¿Cuánto te cuesta una hora sin sistemas?
9 de octubre de 2026
Windows Server 2016 se queda sin actualizaciones en enero de 2027
7 de octubre de 2026
Las claves de la empresa viven en un Excel llamado “claves”